A pesar de la lluvia que se registró durante la tarde de este jueves, cientos de fieles católicos participaron en la tradicional procesión de Corpus Christi por las calles del Centro Histórico de Querétaro, en una manifestación pública de fe que reunió a familias, grupos parroquiales y movimientos de adoración eucarística de distintos puntos de la diócesis.
La jornada comenzó en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, conocido como La Congregación, donde se llevaron a cabo actividades de preparación espiritual, una hora santa y una misa solemne encabezada por el obispo de Querétaro, Fidencio López Plaza, antes de iniciar el recorrido por diversas calles del primer cuadro de la ciudad.
Con paraguas en mano para protegerse de la lluvia intermitente, los participantes avanzaron por el Centro Histórico acompañando al Santísimo Sacramento, realizando estaciones de oración en templos y espacios emblemáticos como el Templo de San Francisco, el Jardín Guerrero y el Templo Expiatorio de Carmelitas.
Durante el recorrido, familias completas, adultos mayores, jóvenes y grupos de adoración permanecieron unidos en oración, reafirmando una tradición religiosa que año con año busca resaltar la importancia de la Eucaristía dentro de la fe católica.
La celebración de Corpus Christi es una de las festividades más significativas para la Iglesia Católica, ya que conmemora la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. En Querétaro, la tradición se mantiene vigente mediante procesiones públicas organizadas tanto en la capital como en distintas parroquias de la diócesis.
De acuerdo con la Diócesis de Querétaro, además de la procesión principal realizada en el Centro Histórico, diversas comunidades parroquiales llevaron a cabo celebraciones y recorridos similares en sus respectivas localidades como parte de esta solemnidad religiosa.
La lluvia no impidió que los asistentes completaran el recorrido previsto. Entre rezos, cantos y expresiones de devoción, los fieles acompañaron la procesión hasta su conclusión, convirtiendo la jornada en una muestra de perseverancia religiosa y de la vigencia de una de las tradiciones más arraigadas de la comunidad católica queretana.