Tras la agresión registrada en la Secundaria General Esperanza Cabrera, USEBEQ prepara la instalación de arcos detectores de metales en las secundarias públicas de Querétaro. La medida refuerza el control de acceso, pero abre otra pregunta: ¿qué se está haciendo para detectar y atender la violencia antes de que llegue a las aulas?
La agresión ocurrida el pasado 30 de septiembre en la Secundaria General Esperanza Cabrera puso nuevamente sobre la mesa la seguridad dentro de los planteles educativos de Querétaro.
Un adolescente de 13 años lesionó con objetos punzocortantes a cuatro personas y posteriormente fue vinculado a proceso por homicidio en grado de tentativa. El caso continúa bajo investigación dentro del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes.
Mientras la vía judicial determina las responsabilidades correspondientes por la agresión, la respuesta de las autoridades educativas comienza a tomar forma.
La Unidad de Servicios para la Educación Básica del Estado de Querétaro (USEBEQ) anunció que prepara la instalación gradual de arcos detectores de metales en las 380 secundarias públicas del estado. La medida será implementada por etapas, debido a que este equipamiento no estaba contemplado originalmente en el presupuesto.
En la Secundaria General Esperanza Cabrera ya fue colocado uno de estos dispositivos como parte de las medidas adoptadas para el regreso a clases.
La lógica es clara: reforzar el control en los accesos y evitar que determinados objetos puedan ingresar a las escuelas.
Pero hay una pregunta que no debería quedar fuera de la discusión:
¿Quién detecta la violencia antes de que llegue a convertirse en una agresión?
Un detector de metales puede identificar un objeto metálico. No puede detectar por sí mismo a un estudiante que está siendo víctima de acoso, amenazas, aislamiento, violencia psicológica o algún otro problema que requiera intervención.
Y ahí aparece una de las principales dificultades del sistema educativo estatal.
La secretaria de Educación de Querétaro, Martha Elena Soto Obregón, reconoció recientemente que las escuelas públicas enfrentan una reducción de figuras de apoyo, entre ellas psicólogos y trabajadores sociales. Explicó que las nuevas plantillas ya no contemplan algunas de estas plazas y que las vacantes generadas por jubilaciones no necesariamente son repuestas.
El dato adquiere relevancia cuando se habla de prevención de la violencia escolar.
USEBEQ cuenta con protocolos para atender situaciones como acoso escolar, maltrato, abuso sexual, ingreso de armas y sustancias, además de mecanismos de acompañamiento y atención psicológica.
Sin embargo, la existencia de un protocolo no necesariamente significa que exista personal suficiente en cada plantel para detectar oportunamente todos los casos.
El propio problema del bullying ha sido reconocido por las autoridades educativas. USEBEQ ha informado de casos de acoso escolar y ha señalado que existen mecanismos de seguimiento mediante directores, supervisores y familias.
Por eso, la discusión no debería reducirse a si las escuelas necesitan o no detectores de metales.
La pregunta de fondo es si la estrategia de seguridad estará acompañada de una política de prevención.
Porque revisar una mochila puede evitar que un arma entre a un plantel, pero detectar a tiempo una situación de violencia puede evitar que esa arma llegue siquiera a formar parte de la ecuación.
También significa contar con psicólogos, trabajadores sociales, docentes capacitados, canales anónimos de denuncia y redes de apoyo que permitan que un estudiante pueda decir que está siendo víctima de violencia antes de que el problema escale.
El caso de la Esperanza Cabrera ya está en manos de las autoridades judiciales y será el proceso correspondiente el que determine las responsabilidades por la agresión.
Pero el hecho también deja una tarea pendiente para el sistema educativo:
no solamente investigar qué ocurrió el día de la agresión, sino preguntarse qué señales pudieron existir antes y qué herramientas tenía la escuela para detectarlas.
Los detectores pueden revisar qué entra a una escuela.
Ahora falta saber quién está revisando lo que está pasando dentro de ella.